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martes, 23 de octubre de 2018

NADIE NOS OYE (Nando López)



Tras perder el partido más importante de su vida, un joven de diecisiete años aparece muerto a causa de una paliza.
Aunque los recientes enfrentamientos entre el Zayas y el Távora apuntan a que se trata de un nuevo episodio en la escalada de violencia entre ambos centros, solo dos personas próximas a la víctima
poseen las claves para desentrañar lo sucedido: Quique, uno de sus compañeros de clase y miembro de su equipo de waterpolo, y Emma, la psicóloga contratada por el club para asesorar a sus jugadores adolescentes.
Decididos a hallar la verdad, ambos compartirán su visión de los hechos en busca de las respuestas que se ocultan tras el silencio.
El silencio es el lugar en el que se gestan las tragedias. Bien lo sabe Nando López, que titula “Los silencios” una de las partes de su nueva novela Nadie nos oye. El silencio alimenta los recelos, las dudas, los miedos, los odios. Todo lo que no se dice por vergüenza, por considerarlo prescindible o por querer evitar males mayores, acaba convirtiéndose en una gigantesca bola de nieve capaz de provocar un alud de consecuencias imprevisibles.
La novela arranca con dos derrotas; una deportiva, el Stark, un modesto equipo de waterpolo, acaba de perder un partido importante, y otra vital: uno de sus jugadores aparece, horas más tarde, brutalmente asesinado.
Ese trágico paralelismo nos lleva a ver el deporte como una metáfora de la vida. Encontramos que dentro del club se le da más importancia al equipo masculino que al femenino, ¿a quién le importaba que el equipo femenino fuera el primero en su clasificación?(pág. 42), que son habituales algunos comentarios despectivos hacia los homosexuales, en el equipo no hay nadie que sea gay. Habría que ver las bromas que hacían estos en los vestuarios (pág. 72) o que algunos, como el entrenador, vuelcan en el equipo sus frustraciones, como si pudiera ganar con nosotros las medallas que no ganó por su cuenta (pág. 76).
En cuanto a las relaciones fuera del club, no hay que pasar por alto el enfrentamiento entre los integrantes del equipo y los alumnos del Távora, uno de esos centros chunguísimos a los que nadie quiere ir (pág 91), enfrentamiento en el que se ve reflejada la xenofobia que nace del desconocimiento y que, en muchas ocasiones, es aprendida en el hogar.
Por todo lo anterior, no se nos proporciona de inmediato el nombre del joven asesinado. Al autor no le interesa ceñirse a la trama puramente policiaca, descubrir quién es el asesino, sino tratar de ahondar en las causas que han provocado esa muerte. Lo hace alternando dos planos temporales: el antes, donde vemos cómo los secretos que van tejiendo los personajes a su alrededor los convierten en islas volcánicas a punto de entrar en erupción, y el ahora, más centrado en la investigación del crimen.
Los dos narradores de la historia, Emma y Quique, conocen las consecuencias de la violencia producida por el odio y tratan, con sus medios, de superarla, no voy a dejar que la violencia siga haciéndose con mi realidad (pág. 56) Sus recuerdos nos ayudan a obtener las piezas del rompecabezas que nos permitirán comprender el porqué de esa muerte.
Nadie nos oye se presenta como un thriller juvenil, pero ni se queda en el mero thriller, ni es una simple novela juvenil. Tanto por los temas que trata(islamofobia, violencia machista, homofobia…) como por el estilo con el que está narrada, con periodos sintácticos largos, digresiones, saltos temporales o cambios de narrador sin las habituales “advertencias” de dichos cambios típicas de algunas novelas juveniles, la novela puede (y debe) ser leída por todos los públicos.


domingo, 11 de marzo de 2018

PROHIBIDO CREER EN HISTORIAS DE AMOR (Javier Ruescas)



Cuando tienes diecisiete años y toda tu vida pasa en You Tube, llega un momento en que no sabes
quién eres. Eso es precisamente lo que le sucede a Cali: su familia tiene un canal con dos millones de seguidores y su novio es el youtuber más conocido del momento.
Por su parte, Héctor vive en una residencia de menores y lucha por averiguar de dónde proviene. Pero el único recuerdo que conserva de su pasado es una cinta de casete con una canción que toca siempre en el metro con la esperanza de que algún día alguien la escuche y la reconozca.
Las vidas de ambos quedarán entrelazadas para siempre cunado descubran el origen de la canción, el póster de una película olvidada y un cine abandonado lleno de secretos…

Tolstoi escribió: Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera, y la de Cali decide que a su manera  será subiendo  vídeos a You Tube, algo que al principio funciona,  pero que, con el paso del tiempo se acaba convirtiendo en“una enorme carpa circense bajo la que esconder lo que ya no tiene solución entre ellos” (pág. 14)
La nueva novela de Javier Ruescas aborda de manera hábil lo que supone ser conocido gracias a las redes sociales, “mucha gente nos conoce por You Tube”  (pág. 197) con sus ventajas, “tenemos lujos con los que muchos solo pueden soñar” (pág. 14), pero también con sus inconvenientes, entre los cuales destaca el de la perdida de privacidad “…consciente de los móviles que ahora desaparecen en el interior de las mochilas y bolsillos de los otro alumnos” (pág. 127)
 A  Cali, la protagonista, le gustaría no ser conocida. Ella siente que no encaja en ese mundo y, en más de una ocasión, se siente el patito feo de la familia, “tengo más caderas, pecho y culo de los que me gustaría” (pág. 20). Sin embargo, debe aceptar que sus actos cotidianos son vistos y comentados por gente que, sin conocerla, la juzga, algo que Cali soporta como puede pues “no quiero dejar que los comentarios de gente que no sabe quién soy defina cómo vivo y lo que hago” (pág. 107)
Sin embargo, la novela no se limita a hablarnos del mundo de las redes sociales y sus repercusiones en la vida diaria de sus protagonistas, sino que aborda otros temas importantes y, en cierto modo,  relacionados con esa exposición mediática que algunos sufren y otros buscan.
En primer lugar, se habla de la incomunicación; la de Cali con su familia, a la que, en ocasiones, parecen importarle más las cifras de suscriptores que los problemas diarios de Cali.
 Se menciona, en segundo lugar, la necesidad de estar conectado a las redes sociales,“¿Por qué has desaparecido de las redes? (pág. 178).
Por último, y relacionado con los temas anteriores, encontramos el problema de la soledad y de la falta de privacidad.
Se puede añadir que la novela también es un homenaje a los cines de antes, a esos que ya casi han desaparecido de nuestras ciudades, pero a los que se sigue recordando porque formaron parte importante de nuestras vidas. 
Aunque quizá, el arte sea el hilo invisible que vertebra toda la obra. El amigo artista al que le gustaría que le preguntasen "lo que quiere expresar con todo esto" (pág. 72) o el fotógrafo  desconocido al que admira y al que sigue por las redes, son parte importante en la vida de Cali. 
 Más allá de los temas tratados y de su argumento, Prohibido creer en historias de amor está narrado con una prosa ágil que invita a no soltar el libro hasta haberlo terminado. Son varios ya los libros publicados por el autor y, en cada uno de ellos, se ve una mejora con respecto a los anteriores. Es cierto que no hay grandes alardes estilísticos o narrativos, pero la novela tampoco los pide. Es más, la aparente sencillez de la obra esconde un lenguaje preciso, pulido cuidadosamente hasta formar frases que, poco a poco, se irán convirtiendo en citas. Porque, como afirma la protagonista “las mejores historias se componen de momentos que se sienten, pero no se muestran a primera vista” (pág. 15)
Como esta.





viernes, 23 de enero de 2015

LAS CRÓNICAS DE FORTUNA (Javier Ruescas) LIBRO I: EL SECRETO DEL TRAPECISTA

Para Kyle, ser circense es un problema. Para Lavelle, una maldición. Para Gunnir, un sueño.
Estos tres amigos siempre han soñado con una vida más allá del siniestro orfanato en el que han crecido. Hasta que un día Kyle descubre que en realidad es circense, y esa misma noche unos hombres lo raptan y lo meten en un carro. Lavelle, una joven payasa que odia hacer reír, y Gunnir, un chico corriente que sueña con ser mago, no dudarán en ir tras él.
Sin saberlo, están a punto de embarcarse en la aventura más grande de sus vidas y del reino de Fortuna, donde hablar con animales, controlar el fuego, bailar sobre la tela de una araña, conocer el futuro o volar sobre los tejados es posible.
En Fortuna, reino imaginario de estética victoriana, los circenses, lejos de ser valorados, son perseguidos si incumplen la ley, “clara respecto a la actuación de los circenses en las ciudades sin un permiso especial” (pág.14). Asimismo, se les obliga a seguir la conocida como Senda circense, “único lugar por el que las compañías tenían permitido recorrer el país” (pág. 203). En resumen, en Fortuna se margina a los circenses.
En esas circunstancias, es lógico pensar que nadie desearía ser circense. Sin embargo, eso es algo que no se puede elegir; una marca de nacimiento, a veces imperceptible, a veces delatora, los señala como tales y les condiciona de por vida. Así le ocurre, por ejemplo, a Lavelle una joven cuya marca en el rostro es “una advertencia de que jamás dejaría de ser payasa” (pág. 40).
Lavelle odia ser quien es, se lamenta de su destino. Otros, en cambio, desean convertirse en circenses, aun cuando carecen de marca. Aquí encontramos a Gunnir, un simple humano cuyo máximo anhelo es ser mago, “daría cualquier cosa por serlo” (pág. 30), y crear su propia compañía circense. El joven no duda, en su entusiasmo, en arrastrar a sus amigos para que le ayuden en sus actuaciones ilegales con las que conseguir dinero y hacer realidad su sueño.
Todo les va más o menos bien hasta que un día su amigo Kyle descubre sorprendido que es circense, “él no podía ser circense (…) Quienes lo eran, lo sabían desde que nacían” (pág.25). Esta circunstancia cambiará la vida de estos tres jóvenes y les sumergirá  en una aventura que les permitirá conocer los entresijos del mundo del circo y enfrentarse a su cara menos amable.
Basta sustituir circense por artista para comprender que esta novela, destinada en principio a un público infantil-juvenil es, en realidad, un alegato a favor del arte, circunstancia que hace que se amplíe el segmento de sus posibles lectores a todos cuantos, independientemente de su edad, aprecien el arte, sean conscientes del esfuerzo que hay detrás de cada obra artística y no se queden únicamente con “el truco final” (pág. 141).
En los tres jóvenes protagonistas vemos representados: en primer lugar, al artista que siente que no encaja en el mundo que le rodea, como es el caso de Lavelle, con una visión de sí misma negativa, “¡Soy un monstruo! No, peor aún: soy una circense” (pág. 29) y del que todos se burlan “¿Quieres matarnos de un susto bicho raro?” (pág.41). En segundo lugar, Gunnir nos enseña que el camino para alcanzar el triunfo no es fácil, exige no solo trabajo sino también, a veces, dolorosos sacrificios. Por último, en Kyle encontramos la idea de genio; el artista no es consciente de su talento y son los demás quienes primero se dan cuenta  de él, “Te guste o no, eres un circense” (pág. 30).
La novela crítica el materialismo de una sociedad que no comprende e, incluso, desprecia el arte, una sociedad que “solo ve el truco final, el resultado, no el esfuerzo que conlleva” (pág. 141) por lo que no siente ningún complejo ante el disfrute gratuito de la obra de arte. Una sociedad que no tiene en cuenta los sentimientos de los artistas y cree que los mismos han de estar a su entera disposición, “Traedme a la payasa…Que nos entretenga…” (pág. 103)
Siguiendo con esta comparación circense/artista se puede decir que la marca de los circenses simboliza lo que se ha venido llamando talento natural, lo cual en un principio quizá nos induzca a creer que en la famosa pregunta ¿el artista nace o se hace?, el autor se decante  por lo primero. No es así en modo alguno. Después de leído el libro, uno se da cuenta de que, con independencia de que se nazca con alguna facultad especial para las artes o no, sin esfuerzo no se consigue nada. Que el talento natural sin trabajo no conduce a nada. Una buena lección para los jóvenes lectores.
La novela también crítica la corrupción, en especial la de aquellos que en público ponen trabas al mundo del arte y luego, en privado, se aprovechan y lucran de él. Un ejemplo es el hermano de la señora Windger, contrario a levantar el edicto contra los circenses pero dispuesto a ganar un dinero extra con “otras actividades menos…reconocidas” (pág. 35).
Es obligado, en este punto, mencionar a las compañías circenses. En la novela se nos habla de dos: la compañía Kramontano, dirigida por Krao Farelli, para el que los circenses no son más que un medio para ganar dinero, esto es, una visión materialista del arte. El arte como producto de consumo. Y la compañía Belforea, cuya directora es Marlette, una agradable mujer para quien lo primero son los circenses. Una compañía en la que no se obliga a nadie a estar en ella.
No se obliga a nadie porque, en Fortuna, la permanencia a las distintas compañías se pacta por medio de tatuajes. Estos son una especie de contrato que, en ocasiones, roba la voluntad de los circenses y les ata a la compañía. No es difícil ver aquí un velado reproche a esas empresas que, fingiendo apoyar a los artistas, pretenden, en el fondo, aprovecharse de su trabajo. Del mismo modo que el sueño de Gunnir de tener su propia compañía nos ejemplifica la independencia del arte.
El secreto del trapecista es, por tanto, una novela con más de una lectura. Los más jóvenes vibrarán con una trama ágil e imaginativa, un lenguaje rico en matices por el que uno se desliza sin dificultad y hace que la lectura sea agradable e, incluso,  adictiva, pues atrapa desde las primeras líneas,  y unos personajes bien caracterizados, fácilmente identificables por su forma de ser, de pensar y de actuar.  A los mayores, la lectura les servirá para reflexionar.

No sería justo, por último, terminar esta reseña sin hacer siquiera una pequeña referencia a las ilustraciones de Lola Rodríguez que acompañan a la historia. Son dibujos de trazo sencillo pero llenos de vida, que consiguen plasmar las emociones de algunos personajes, la maldad de otros y, en todo caso, el mundo de Fortuna, país al que hemos llegado de la mano de Javier Ruescas y en el que permaneceremos un tiempo.

sábado, 13 de diciembre de 2014

MAGISTERIUM (Holly Black/ Cassandra Clare) LIBRO I: LA PRUEBA DE HIERRO

Call Hunt no es el primero de su clase. Tampoco el más popular de su colegio, pero tiene un don. El extraño poder de la magia lo ha escogido para entrar en el Magisterium, la escuela de magia más secreta del mundo. Un lugar donde acceden muy pocos privilegiados. Allí descubrirá quién es realmente y cuáles son los peligros que el Enemigo le depara.
Eso sí, no podrá hacerlo solo.
¿Te atreves a acompañarlo? 
El padre de Callum mola. No solo no se enfadará si su hijo no supera las pruebas para entrar en el Magisterium, la escuela de magia, sino que le anima a ello. A suspender. A hacerlo lo peor que pueda. Luego lo celebrarán tomando “una gran copa de helado (…) con dulce de leche, mantequilla de cacahuete y ositos de goma” (pág. 49)
Callum, como buen hijo, hará todo lo que está en su mano para agradar a su padre. No solo suspende todas las pruebas, sino que incluso será “el primer aspirante en la historia del Magisterium que va a conseguir una puntuación negativa” (pág.44)
Misión cumplida. Lo ha hecho tan mal que los magos no volverán a molestarle. Podrá volver a su vida de siempre. Esa en la que no tiene amigos. Esa en la que su cojera le impide realizar las actividades físicas (saltar, jugar al balón, correr…) que ve realizar a sus compañeros. Esa en la que acompaña a su padre a compra antigüedades.  No es lo que se dice una vida para echar de menos.
Pero Alastair no contaba con el maestro Rufus. A él no le engañan. Puede que los resultados del muchacho hayan sido catastróficos, pero la magia está en él y es necesario que sepa cómo controlarla porque “un mago sin entrenamiento suelto por ahí es como una falla en la tierra esperando a abrirse y matará a mucha gente además de a sí mismo” (pág. 54)
Así que, ante el estupor general y el monumental enfado de su padre, Callum es elegido para formar equipo junto a los dos alumnos que mejor lo han hecho en las pruebas, Aaron y Tamara.
Todo hay que decirlo, a Callum le pica la curiosidad. En el fondo, está contento de haber sido seleccionado. No acaba de entender por qué su padre le tiene tanta tirria a la magia y a los magos, por qué siempre decía que ir al Magisterium “era algo que no desearía ni a su peor enemigo” (pág. 49). No lo entiende porque su padre también fue mago, aunque hace ya mucho que dejo de usar la magia.
Es verdad que tampoco es que Alastair le haya contado muchas cosas a su hijo de aquellos tiempos. De cuando lucharon por última vez contra el Enemigo de la muerte. De cómo este no se presente en la batalla, sino que se dirigió al lugar donde estaban escondidos los más débiles, mujeres, niños y ancianos, y los masacró. Callum nunca supo que él fue el único superviviente de aquella masacre, que su pierna no se le “fastidió al nacer” (pág.65), sino que su cojera es, en realidad, una herida de guerra.
También ignora el mensaje escrito junto al cadáver de su madre; MATA AL NIÑO.
Quizá por todo eso Alastair no quiere que Callum vaya a la escuela de magia. Quizá ese sea el motivo por el que quiere que a su hijo le aten la magia…
Los paralelismos de este libro, el primero de una saga de cinco (uno por cada curso del Magisterium) con Harry Potter son más que evidentes: huérfano (aunque solo de madre); con un recuerdo de ese primer enfrentamiento con el mal (la cojera de Callum, la marca en la frente de Harry); único superviviente del enfrentamiento con el enemigo; no tendrá su primer contacto con la magia hasta los doce años, cuando es seleccionado para acudir al Magisterium; tiene o, mejor dicho, tendrá dos amigos, un chico y una chica (al igual que los mejores amigos de Harry eran Hermione y Ron)…
Es posible que existan muchos más paralelismos (de hecho, por lo que dicen, este libro surgió en principio como un fan fic de la famosa saga de Rowling), pero, para ser sinceros, nunca me leí Harry Potter. Bueno, no, miento. Intenté leerlo. Leí un par de capítulos del primer libro hasta que decidí que tenía demasiados lugares comunes como para llegar a interesarme. O puede que ya fuera demasiado mayor para su lectura.
Sin embargo, este libro, La prueba de hierro, me ha enganchado desde el primer momento. A mis años.
La decisión de leerlo, a pesar de estar dirigido a un público mucho más joven, la tomé porque he leído los libros de una de las autoras, Cassandra Clare, y tengo por mala costumbre leer todo lo que puedo de los autores que me gustan. Y comparar sus libros.
Así, es posible encontrar ciertas similitudes entre Magisterium y la famosa saga Cazadores de sombras: tanto la madre de Clary en Cazadores como el padre de Callum en Magisterium han tratado de mantener a sus hijos al margen del mundo al que pertenecen; Callum, al igual que Jace, no es precisamente un ejemplo de buen comportamiento, si uno se puede saltar las reglas ¿por qué no hacerlo?; ambos personajes coinciden también en las dudas que tienen acerca de su verdadera identidad; el Enemigo de la Muerte y su mentor recuerdan a Valentine y a su hijo; los caotizados humanos podrían evocar a los Oscurecidos; la noción de los contrapesos (“Todos los elementos tienen un contrapeso” pág. 93, “Soy un mago del caos. Necesito un contrapeso” pág.233) ¿podría tener similitudes con la idea de los parabatai?;  el final impactante que te deja con ganas de saber más y salir de dudas, ¿en serio…? , ¿es verdad que…?
Los posibles paralelismos nos llevan a pensar que quien escribió el mensaje en la pared de la cueva no fue la madre de Callum, ¿quién entonces? ¿Por qué y con qué fin lo escribió?
Leer un libro destinado a un público infantil-juvenil, y no pertenecer ya a esa franja de edad, te obliga a buscar algún tipo de justificación. He aquí lo que he encontrado:
En el libro se plantea el problema de la predestinación; ¿somos buenos o malos por naturaleza o podemos elegir? Callum se lo cuestionará cuando sepa quién es realmente “¿qué era un alma? No le decía a uno lo que debía hacer. Callum podía tomar sus propias decisiones” (Pág. 290)
Los acertijos que subyacen bajo las palabras de Warren. Un ejemplo es está conversación (pág 178) entre el elemental del fuego y los jóvenes protagonistas:
—¿Qué me darás a cambio del camino de vuelta?
—Tengo un poco de chicle y una goma de pelo
—Tengo algo de comida.
—Te puedes quedar mis cordones
—¡Todo! Lo tendré todo cuando lleguemos allí.
¿Qué se entiende en este diálogo por todo? Nos damos cuenta de que para los chicos todo es simplemente lo que le han ofrecido, para Warren el significado de la palabra es más amplio.
La profecía que les hace un Devorado (pág. 181), ¿cómo interpretarla? ¿en el sentido literal? ¿tiene una interpretación oculta que se nos escapa?
El nombre de cada uno de los cursos: de Hierro, de Cobre, de Bronce, de Plata y de Oro, aunque descolocados nos recuerdan a las edades de la historia (Edad de Bronce…)
Seguramente existan más interpretaciones, pues La prueba de Hierro no es un libro que se agoté en una primera lectura.
Solo una duda, ya para terminar, ¿cómo es que el llamado Enemigo de la Muerte se dedica a provocarla? No se entiende muy bien…




EL LIBRO DEL CEMENTERIO (NEIL GAIMAN)

Después de que un asesino despiadado acabe con su familia, un bebé escapa de la cuna en medio de la noche y logra alcanzar el cementerio más cercano a su casa. Allí será acogido por los bondadosos espectros que habitan el camposanto, quienes lo bautizarán como Nadie Owens, Nad, cuidarán de él y lo ayudarán a protegerse de ese criminal que pretende acabar con su vida, incluso años más tarde…
En El libro del cementerio, Gaiman nos lleva a su terreno, nos introduce en su mundo irreal y nos seduce con su homenaje a los mitos y leyendas universales.
Si la primera novela que leo de alguien me gusta, tengo la costumbre de buscar otras obras para decidir si es un autor al que pueda incluir dentro de mis preferidos, o el hecho de que esa novela me haya gustado ha sido simple casualidad.
Leí por primera vez a N. Gaiman gracias a una buena crítica de uno de sus últimas novelas, El océano al final del camino. Animada por las buenas sensaciones que me dejó, busque otras obras del autor, todas las cuales cumplieron mis expectativas.
Así, cuando hube de realizar un viaje de cuatro horas en tren, en un regional (por mucho expres que tenga de apellido, sigue siendo un regional), decidí llevar un buen libro para hacer menos pesado el trayecto. Elegí para ello una vieja novela de Gaiman; El libro del cementerio.
Los paralelismos con la famosa obra de Kipling, de la que Gaiman se siente deudor tal y como manifiesta al final del libro, son evidentes ya desde el título. Un bebe, al que llamarán Nadie, pierde a sus padres de forma violenta y acaba en un viejo cementerio. Allí los espectros lo cuidarán y protegerán. Como se ve, la historia de Nad no va ase muy diferente a la de Mowgly.
Al mismo tiempo que conocemos la forma en que transcurre la vida de Nad en el cementerio: el poco entusiasmo con el que asiste a unas clases en las cuales es el único alumno, la manera en la que se relaciona con los habitantes del cementerio, la amistad con una niña “viva” que pasa el tiempo allí con su madre, su experiencia en un colegio fuera de los límites del camposanto, algún que otro susto debido a su curiosidad y desobediencia, etc, empezamos a sospechar que una amenaza se cierne sobre él. Dicha amenaza es la que le impide abandonar definitivamente el cementerio y trasladarse a vivir con los vivos, que es con quienes debería estar (al igual que el lugar de Mowgly es entre los humanos y no con los animales de la selva)
Gaiman logra que toda nuestra atención se centre en el libro, de forma que, mientras dejamos atrás el paisaje castellano y nos adentramos en territorio cántabro, mientras de fondo se escucha a la típica niña molesta, inevitable en este tipo de viajes, nos vamos sumergiendo cada vez más en la historia del pequeño Nad hasta descubrir cuál es el peligro que le acecha.
Al hacerlo, no podemos menos que pegar un pequeño brinco en nuestro asiento.

O, tal vez, solo sea que hemos llegado a nuestro destino.

DEL MATERIAL DEL QUE ESTÁN HECHOS LOS SUEÑOS (Elizabeth Eulberg)

Es el último curso en el instituto de Artes Creativas y Estéticas de Nueva York para el grupo de amigos de Emme. Después de tres años de duro trabajo y constantes audiciones, están a punto de alcanzar sus metas. Sophie confía en ser una aclamada cantante, Carter se está convirtiendo en actor de éxito y Ethan y Emme poseen un don especial para la composición.

Pero, a veces, el amor, la amistad y la ilusión avanzan por caminos divergentes, y es entonces cuando te toca elegir…¿Serías capaz de abandonar a tu mejor amigo en el momento más importante de su carrera? Y, sobre todo, ¿arriesgarías su amistad por ganar su amor?

Lo primero que llama la atención de esta novela es que no tiene la típica división en capítulos.  Se nos narran dos momentos concretos en la vida de cuatro estudiantes de Instituto de Artes Creativas y Estéticas de Nueva York, Carter, Ethan, Sophie y Emme, a saber, el momento en el que ingresan en el centro y cómo transcurre su último curso.
La obra tampoco cuenta con un único narrador, sino que son los propios protagonistas los que se van alternando a la hora de contar su día a día en el instituto. Esta técnica narrativa permite al lector adentrarse más en la psicología del personaje y, a la vez, tener una visión más amplio de cuanto acontece.
Cada uno de los personajes tiene, al principio de la novela, unas perspectivas de futuro, un objetivo determinado por el cual quiere realizar esos estudios artísticos.
Sophie, muy segura de sí misma, tiene como único objetivo en la vida convertirse en una famosa y reputada cantante, aunque pronto el lector advierte que lo de  “cantante” sobra, Sophie quiere ser “famosa”, así, a secas. Todas sus actuaciones, la relación que mantiene con el resto de alumnos, en concreto con Carter y con Emme, van encaminadas a lograr su propósito.
Por el contrario, Emme, quizá la verdadera protagonista, ingresa únicamente como parte de ese plan que  Sophie  se ha marcado para alcanzar el estrellato.
Las dos son amigas desde pequeñas, aunque no tardaremos en darnos cuenta de que el concepto que cada una de ellas tiene de la amistad es bastante distinto. Sophie ha triunfado en todos los concursos a los que se ha presentado, de ahí el ego tan subido que tiene ( y que le bajarán poco a poco durante los años en el CAE). Emme, más insegura, compone las canciones con la cuales la otra triunfa.
Descubriremos una Sophie mezquina, a quien nunca le ha importado Emme en realidad, pues esta es, en realidad, nada más que un instrumento para alcanzar la tan ansiada gloria.
Por fortuna Emme encontrará buenos amigos que la ayudarán a vencer su timidez y a sacar lo valioso que hay en ella.
Por su parte, Carter es el típico niño que ha pasado de superestrella infantil a malvivir en culebrones. Su única finalidad al acudir a la Escuela, es tratar de descubrir quién es realmente. Tantos años interpretando, simulando ser otro, le han llevado a cuestionarse seriamente su identidad.
Por último, Ethan es un pequeño genio de la música cuyo talento no le impide tener sus dudas, cometer errores y arrepentirse y, por fin, encontrar su verdadero lugar.

Del material del que están hechos los sueños es, en definitiva, una novela que se lee con agrado.

El VALLE (1.El Juego) (Krystina Kuhn)

Los nuevos alumnos celebran su llegada al Instituto Grace con una tradicional fiesta de inauguración en la caseta de los botes. Pero pronto Julia y sus amigos advierten que en el solitario valle situado en medio de las montañas canadienses pasa algo raro. ¿A qué vienen todos esos carteles de advertencia que rodean el instituto? Y ¿por qué el valle no aparece en Google Earth?
Las cosas se complican cuando Robert, el hermano de Julia, presencia que una muchacha se arroja al lago Mirror y un remolino la arrastra al fondo. Pero nadie  da crédito a sus palabras, ni siquiera Julia, que aún no barrunta que, en el valle, las oscuras sombras del pasado que creía superadas para siempre vuelven a aflorar a la superficie.
El Instituto Grace, centro exclusivo para estudiantes de elite, se encuentra localizado en algún lugar remoto entre las montañas rocosas, junto a un lago helado llamado Mirror, con vistas al pico Ghost, rodeado del consabido bosque con sus carteles de advertencia de peligro, sus vallas electrificadas y sus accesos imposibles. Todo ello, claro está, con el objetivo de crear un ambiente lo más claustrofóbico posible.
A este lejano e inhóspito paraje, al que, al parecer, aún no han sido capaces de acceder los de Google Earth, van a parar los hermanos Julia y Robert Frost  junto con la paciencia del lector, que llega a preguntarse en más de una ocasión si la autora no se habrá enredado con su historia y acabará tropezando con ella, tal si fuera una madeja de hilo mal enrollada.
La indignación del lector va creciendo a medida que pasa las hojas y no acaba de comprender muy bien si es más importante conocer el pasado de los dos hermanos o descubrir qué se oculta tras la misteriosa desaparición de una alumna del centro.
A lo largo de la narración se escucha la voz insistente de la autora en plan “Tío, lector, no lo dejes, tu pasa páginas que ya verás, ya verás que super sorpresa tengo preparado, Boh, va a ser la bomba...”
La novela se asemeja a series como “El internado”  donde los jóvenes pasan más tiempo resolviendo misterios que ya quisiera la CIA solventar con tanto éxito, que de su preparación académica. Y el sufrido lector continúa pasando las páginas a la espera de que alguien le cuente qué ocurre.
La parte positiva es que la narración es ágil, con un narrador externo omnisiciente (el que lo sabe todo y por eso, de manera premeditada, oculta información) que focaliza principalmente en Julia (esto es, sabemos lo que ocurre allí donde está este personaje, pero se nos impide saber qué hacen, mientras tanto, el resto) que hace que la novela se lea de forma rápida.
Ya casi hacia el final, la autora cede y nos da la información que nos había prometido en las primeras páginas. Y a uno le queda la sensación de que ha asistido al parto de los montes…o de las montañas rocosas.
El libro finaliza con la promesa de una segunda parte que llevará como título La Catástrofe.