Los nuevos alumnos
celebran su llegada al Instituto Grace con una tradicional fiesta de
inauguración en la caseta de los botes. Pero pronto Julia y sus amigos
advierten que en el solitario valle situado en medio de las montañas
canadienses pasa algo raro. ¿A qué vienen todos esos carteles de advertencia
que rodean el instituto? Y ¿por qué el valle no aparece en Google Earth?
Las cosas se
complican cuando Robert, el hermano de Julia, presencia que una muchacha se
arroja al lago Mirror y un remolino la arrastra al fondo. Pero nadie da crédito a sus palabras, ni siquiera Julia,
que aún no barrunta que, en el valle, las oscuras sombras del pasado que creía
superadas para siempre vuelven a aflorar a la superficie.
El Instituto Grace, centro exclusivo para
estudiantes de elite, se encuentra localizado en algún lugar remoto entre las
montañas rocosas, junto a un lago helado llamado Mirror, con vistas al pico
Ghost, rodeado del consabido bosque con sus carteles de advertencia de peligro,
sus vallas electrificadas y sus accesos imposibles. Todo ello, claro está, con
el objetivo de crear un ambiente lo más claustrofóbico posible.
A este lejano e inhóspito paraje, al que, al
parecer, aún no han sido capaces de acceder los de Google Earth, van a parar
los hermanos Julia y Robert Frost junto
con la paciencia del lector, que llega a preguntarse en más de una ocasión si
la autora no se habrá enredado con su historia y acabará tropezando con ella, tal
si fuera una madeja de hilo mal enrollada.
La indignación del lector va creciendo a
medida que pasa las hojas y no acaba de comprender muy bien si es más
importante conocer el pasado de los dos hermanos o descubrir qué se oculta tras
la misteriosa desaparición de una alumna del centro.
A lo largo de la narración se escucha la voz
insistente de la autora en plan “Tío, lector, no lo dejes, tu pasa páginas que
ya verás, ya verás que super sorpresa tengo preparado, Boh, va a ser la
bomba...”
La novela se asemeja a series como “El
internado” donde los jóvenes pasan más
tiempo resolviendo misterios que ya quisiera la CIA solventar con tanto éxito,
que de su preparación académica. Y el sufrido lector continúa pasando las
páginas a la espera de que alguien le cuente qué ocurre.
La parte positiva es que la narración es
ágil, con un narrador externo omnisiciente (el que lo sabe todo y por eso, de
manera premeditada, oculta información) que focaliza principalmente en Julia
(esto es, sabemos lo que ocurre allí donde está este personaje, pero se nos
impide saber qué hacen, mientras tanto, el resto) que hace que la novela se lea
de forma rápida.
Ya casi hacia el final, la autora cede y nos
da la información que nos había prometido en las primeras páginas. Y a uno le
queda la sensación de que ha asistido al parto de los montes…o de las montañas
rocosas.
El libro finaliza con la promesa de una
segunda parte que llevará como título La Catástrofe.
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