sábado, 13 de diciembre de 2014

El VALLE (1.El Juego) (Krystina Kuhn)

Los nuevos alumnos celebran su llegada al Instituto Grace con una tradicional fiesta de inauguración en la caseta de los botes. Pero pronto Julia y sus amigos advierten que en el solitario valle situado en medio de las montañas canadienses pasa algo raro. ¿A qué vienen todos esos carteles de advertencia que rodean el instituto? Y ¿por qué el valle no aparece en Google Earth?
Las cosas se complican cuando Robert, el hermano de Julia, presencia que una muchacha se arroja al lago Mirror y un remolino la arrastra al fondo. Pero nadie  da crédito a sus palabras, ni siquiera Julia, que aún no barrunta que, en el valle, las oscuras sombras del pasado que creía superadas para siempre vuelven a aflorar a la superficie.
El Instituto Grace, centro exclusivo para estudiantes de elite, se encuentra localizado en algún lugar remoto entre las montañas rocosas, junto a un lago helado llamado Mirror, con vistas al pico Ghost, rodeado del consabido bosque con sus carteles de advertencia de peligro, sus vallas electrificadas y sus accesos imposibles. Todo ello, claro está, con el objetivo de crear un ambiente lo más claustrofóbico posible.
A este lejano e inhóspito paraje, al que, al parecer, aún no han sido capaces de acceder los de Google Earth, van a parar los hermanos Julia y Robert Frost  junto con la paciencia del lector, que llega a preguntarse en más de una ocasión si la autora no se habrá enredado con su historia y acabará tropezando con ella, tal si fuera una madeja de hilo mal enrollada.
La indignación del lector va creciendo a medida que pasa las hojas y no acaba de comprender muy bien si es más importante conocer el pasado de los dos hermanos o descubrir qué se oculta tras la misteriosa desaparición de una alumna del centro.
A lo largo de la narración se escucha la voz insistente de la autora en plan “Tío, lector, no lo dejes, tu pasa páginas que ya verás, ya verás que super sorpresa tengo preparado, Boh, va a ser la bomba...”
La novela se asemeja a series como “El internado”  donde los jóvenes pasan más tiempo resolviendo misterios que ya quisiera la CIA solventar con tanto éxito, que de su preparación académica. Y el sufrido lector continúa pasando las páginas a la espera de que alguien le cuente qué ocurre.
La parte positiva es que la narración es ágil, con un narrador externo omnisiciente (el que lo sabe todo y por eso, de manera premeditada, oculta información) que focaliza principalmente en Julia (esto es, sabemos lo que ocurre allí donde está este personaje, pero se nos impide saber qué hacen, mientras tanto, el resto) que hace que la novela se lea de forma rápida.
Ya casi hacia el final, la autora cede y nos da la información que nos había prometido en las primeras páginas. Y a uno le queda la sensación de que ha asistido al parto de los montes…o de las montañas rocosas.
El libro finaliza con la promesa de una segunda parte que llevará como título La Catástrofe.




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